EL CAMINO
DEL CALVARIO
Viandante de la vida, errante
peregrino
que del Calvario buscas el áspero camino
perdido en noche eterna sin brújula ni luz.
Aquí por un
momento detén la herida planta
y mira ese gran Templo que al cielo se levanta,
mansión del Nazareno cargado con la Cruz.
Al pie, mira esos
valles profundos y escondidos
que guardan de mi pueblo los cármenes floridos,
las verdes y frondosas riberas del Genil.
Campiñas y
viñedos, extensos olivares,
y en ellos engastados cien rústicos hogares,
casitas que semejan Iglesias de marfil.
Detén el paso, y
mira erguido en esas lomas
mi pueblo limpio y bello cual bando de palomas,
que honrado y laborioso trabaja con ardor;
escucha como
suenan desde estas soledades
ruidos de talleres y dulces vaguedades de vida,
de rumores y cánticos de amor.
Errante peregrino, viandante
de la vida;
reposa aquí un momento la planta dolorida,
después hasta la Cumbre contigo subiré.
Que allí vibrante
nota será para tu oído
aroma, luz, colores, rumor, canto, gemido,
de bálsamo sirviendo la esencia de la fe.
Mas, antes que
subamos al pie del Santuario,
repara el anchuroso Camino del Calvario
que empieza en las dos cruces del blanco pedestal:
por toda
su llanura rebosa de canciones,
sentidos Misereres, saetas y Oraciones,
flotando de mi pueblo el alma colosal.
¿Ves esa calle
estrecha? es la de la Amargura,
por ella subió Cristo la Cruz pesada y dura...
¡también por ella sube la triste Humanidad!
Cruzando este
camino Jesús murió en la Cumbre,
y en pos del Nazareno, también la muchedumbre
caerá tras esa verja por una eternidad!...
¡Arriba y no te
canses, errante peregrino!;
subiendo del Calvario el áspero camino
daremos a la tierra nuestro postrer adiós.
Abajo quedan,
sólo, codicias y rencores,
arriba el Nazareno que premia los dolores,
abajo espera el mundo: ¡arriba espera Dios!
¡Arriba,
peregrino, subamos del Calvario
el áspero camino, que allí en el Santuario
bendice Nuestro Padre sus hijos al partir...
¡Ensueño de mi
vida: mi ardiente y vivo anhelo
morir tierra querida, morir bajo tu cielo,
y al pié del Nazareno la Eternidad dormir!
SER MANANTERO
Ser manantero, hijo mío,
no es cantar como un poseso
las últimas melodías
de moda en el momento.
Ni tampoco cuarteleras
gritando con desenfreno
con la voz aguardentosa
de un borracho marinero.
No es recorrer nuestro pueblo
con un tambor mal templado
poniendo cara de entierro.
Ni coger una gran "mona"
cosa que es de poco acierto
y pasearte con ella,
vestido de rebateo,
golpeando con el cirio
los adoquines del suelo.
No es dejarse siete días
la misma ropa en el cuerpo.
Ni vestirte de figura
y menos de nazareno,
mirando hacia los balcones
con gesto carnavalero.
Ser manantero, hijo mío,
es algo mucho más serio.
Es tener un corazón
que no te quepa en el pecho.
Es amar a todo el mundo,
A tu hermano, al forastero...
Ser humilde, ser cristiano.
Cuando haya que ser alegre,
ser alegre como el agua
de un juguetón arroyuelo.
Y llorar gotas de sangre
al pasar el Nazareno.
Si la Virgen es la
rosa...
tú debes ser jardinero
que le quite las espinas.
Y de la Cruz de Jesús,
debes ser el carpintero
que rebaje sus aristas
y convierta ese Madero
en un confortable lecho.
¡Por amor, por manantero!
Es ayudar al Humilde.
Es servir a cada hermano.
Es abrir tu corazón
en cada apretón de manos.
Respeta los manantiales
en los que antes bebieron
pontanenses que se han ido.
Viste los mismos ropajes,
sigue los mismos ejemplos
que dieron a nuestro padres,
con cariño sus abuelos.
¡Lucha por nuestra mananta
en las sombras y en silencio!
¡Sé un guardián firme y fiel
de la tradición del pueblo!
Y cuando el Terrible quiera
llevarte con El al cielo....
¡Entra por la puerta grande
y al que esté allí de portero,
enséñale con orgullo,
tu corazón manantero.
SEMANA SANTA EN PUENTE GENIL
-Homenaje a Juan Rejano-
UN océano es poca materia,
poca distancia, y, luego ya vencido
tras azarosa travesía, ganada
la ribera de México, son poco
río, volcán, desierto, bosque, páramo,
para quien como tú fuera en su infancia
entretejido al verde coloquio
de hojas y ondas -clarísimo- en la orilla
del Genil.
(Todavía no se ha extinguido
el viento
plañidero de las norias
en tu voz ni el
suspiro del taraje.
Sombra de ceibo y
plátano ardoroso
el acento de
España no apagaron).
Hijos somos los dos del mismo pueblo
y de la misma Andalucía. Laten
en nuestra sangre polo y petenera.
Por eso carta familiar te escribo,
no poema altisonante y en la carta,
no ideas sino calles que, otro tiempo,
cuando niño pasabas: calles blancas
que dan al río; calles recogidas
que suben a la Ermita del Patrono.
(Desde la cumbre desnuda del Cerro
de Jesús aún se siguen
divisando
las blancas huertas
y el Genil; al fondo,
Castillanzur de oro entre
olivares.
Nosotros solamente hemos
cambiado:
tal la vida nos lleva en
su capricho…)
Ya se anuncia en el aire la Cuaresma.
leves violetas y lirios morados
dirán la huida del invierno… Pronto
coros errantes al claro de luna
entonarán el grave miserere.
Saeteros del Genil en la penumbra
cantarán a Jesús viejas saetas:
"¿Cuál de vosotros discípulos
morirá por mí mañana?
El uno al otro se mira
y ninguno
contestaba."
Luego vendrá otra vez Semana Santa
primaveral angustia diluyendo
por el aire templado, a coronarnos
con nuestra infancia, vuelta ya corona
de espinas y, de nuevo, la campana
repicará ante un duelo de estandartes
negros, morados, y el Miércoles Santo
despuntará por Veracruz con luna
de Pasión, y remotos olivares
que desde lejos lloran en la sombra
con el olivo celestial del Huerto.
Jueves Santo en la tarde clara y bella
pondrá un dolor sereno, una alegría
perezosa aromada de azahares
cuando lento el Señor de la Columna
suba a la Vera Cruz entre bengalas
y el Imperio Romano salga al paso
y solemnes, hieráticos, avancen
Samaritana, Fariseo, Adúltera.
Desde su ermita en sombra el Viernes Santo
descenderá con lágrimas de plata
y sol de gloria. En honda muchedumbre
vivos y muertos fundirán sus almas
y seguirán, oscuros, por las calles
a Jesús Nazareno. Roto el muro
terrible de la muerte y sus cadenas,
Puente Genil en torno a su Patrono
vivirá la Pasión hora tras hora,
y cantará la gloria soberana
de Aquel que es la Verdad, la Luz y Vida.
(En el café de antaño que llamaban
"Recreo de la Marina", cuando llegue
blanco y celeste el Domingo de Ramos,
he de pensar en ti. De los tarajes
que cantaste saldrán oscuros cantos
de ruiseñores. Un temblor de palmas
recorrerá la luz. Genil sonoro
pasará reflejando la alegría
de la naciente primavera. Al soplo
del río, a la mañana tierna y pura,
desde los dulces álamos que vieron
transcurrir nuestra infancia, oh Juan Rejano
he de decir tu nombre…)
A
LA MEMORIA DE D. MANUEL PÉREZ CARRASCOSA
- ¿Don Manué?
- ¡Don Manué!
Y Pérez y Carrascosa.
¡Cualquier cosa!
Don Manué . . .
Con acento machadiano
- un poco, sí, gaditano,
pero nunca pemaniano -
quisiera trazar la glosa
de mi amigo pontané . . .
Con acento machadiano,
no de Antonio, sino del otro Manué . . .
Y la cosa.
¿Cómo fue?
¡Como tenía que ser!
Tres versos de soleá:
Lo que Dios escribe arriba,
¿quién lo puede aquí enmendar?
Cositas que no se olvidan . . .
Café de Manolo Santos,
Calle Santa Catalina.
Taberna de Antonio Cantos,
¡las vueltas que da la vida . . .!
Y pare usté de contar,
porque al lao,
casi al doblar una esquina,
se encuentra el Apostolao . . .
Que cante la seguiriya
para cambiar el compás:
"Por la Cuesta Vita,
alta madrugá,
los tambores negros de los picuruchos
rotos de llorar . . ."
¡Como tenía que ser . . .!
¡Pa ver procesiones vente pa la Puente!
¿Verdad, Don Manué?

Al Rostro del Nazareno
¿Qué buscan esos ojos, Nazareno
el alma en sus pupilas asomada?
Es que va tras la oveja descarriada
el eterno mirar del Pastor bueno.
Abrirse de tu boca quiere el seno
y un silbido lanzar por la hondonada,
reclamo pastoral de la manada
al redil de tu amor y pasto lleno.
¿Quién tallara esa faz, Cristo pontano,
maravilla que el hombre no soñara…?
Aquel que con un arte sobrehumano,
en un lienzo sus rasgos dibujara,
fue sacando del leño con su mano
el milagro divino de esa cara.

AL NAZARENO
Colgada hace algún tiempo está mi lira
y no la hubiere nunca descolgado,
más Tú, Padre Jesús, me has animado
con tu santa Pasión que tanto inspira.
El poeta, Señor, cuando te mira
y ve tu augusto cuerpo flagelado
cargado con la Cruz, acongojado
llora en silencio y sin querer suspira.
Y aquel suspiro que su pecho exhala
las capas atmosféricas escala
y subiendo se eleva hasta lo eterno.
Y ya en aquel lugar de dulce calma
es pequeña molécula de un alma
que escapa de las iras del infierno.

ROMANCE AL IMPERIO ROMANO
En tus paredes, fijando tu camino:
recuerdos, historia, alegría y llanto.
Un nudo en la garganta el recorrido,
y en silencio recatado, un salmo.
Nostalgia derramada en abundancia
por los que prepararon tu sembrado.
¿Qué venero regó tu semillero
para que se refleje el amaranto?
Las ramas más vetustas de tu tronco
fueron gubia y buril de tu hermanazgo.
Forjaron con orgullo su testigo
para que pasara con amor sagrado
la savia pontanesa manantera
a otros brotes que arraigaran el legado.
II
Eres la pasión viva de tu pueblo,
que en tus desfiles aletea sus brazos
y te aclama con el orgullo y el fervor
que sienten por su Imperio venerado.
III
Entre olores de ribera, tu cuartel,
Corporación del Imperio Romano.
Un cenobio inundado de sonrisas,
un claustro de luz, amistad y abrazos,
un refectorio vibrante de saetas,
un monasterio de flamear dorado
que a orillas del emblema de tu pueblo
te mima con el frescor de su remanso,
con la fragancia de la hierba y de la huerta,
del rocío, del musgo y de los prados.
En tus bordes un balcón ribereño
que sirve, entre auroras, de rellano,
refugio para el sol que se derrite,
de bálsamo al cilicio soportado,
y de dique a los derrubios de tu río
en los ejarbes temidos y pasados.
¡Cuánta calma, cuánto sosiego al alba
después de una jornada en tu restaño!
¡Cuantas cuarteleras entre unas copas!
¡Cuánto mensaje de paz entre cantos!
¡Que cúmulo de noble gentileza
ante los múltiples invitados!
IV
Cuando verdea la trama del olivo,
y nace la bella flor del naranjo,
y blanquean los pétalos del membrillo,
y empieza a vestirse de gala el campo,
y vuelan el estornino y el vencejo,
y se caldean los poetas del Parnaso,
y hay rumor a cera y pabilo en llama,
y olor a primavera y verano,
un sentimiento profundo penetra,
inundando mis entrañas, callado,
con tus alegres sabatinas a Jesús
como doncel jubileo pontano.
V
Siempre inolvidables tus desfiles
por la Matallana, por Don Gonzalo,
con tus huestes enhiestas, marciales
trajes destellando oro sus recamos,
hombres mirando entre cielo y tierra
y el corazón rompiéndose en desgarros.
Brillo y esplendor en sus vestidos,
togas, dalmáticas de soberanos.
Trábeas cubriendo sus talones,
mil colores en trajes y bordados,
estolas ceñidas a la cintura
que en mi mente se han grabado.
Sandalias o coturnos, color verde,
dignos del más señero o augusto heraldo.
Centuria con orgulloso centurión,
pintando tan magnífico retablo
por las gratas calles de Puente Genil
en honor del humilde Nazareno.
¡Cuánto das al pueblo con tu brillante
aportación y principal reclamo!
VI
Veo tu asamblea convertida en Ateneo.
¿De que majestad se reviste tu decano?
¡Que prudencia el censor de tu estatuto
para que haya el decoro mesurado
a tanto levítico que respetar
y tanto precepto bien acatado!
VII
Será fácil exaltar tu envoltura,
notar la púrpura de tu tejado,
pero descubrir tu alma y tu espíritu
y expresarlo con sencillos vocablos
me resulta una labor imposible
por lo que tiene de prodigio y milagro.
En tu interior se respira un hálito,
un aliento, una armonía, un trato,
que, aunque intangible, se percibe
como el amor invisible de lo agnado.
VIII
Y para terminar con mis elogios,
y con mi corazón enamorado,
doy un abrazo al pueblo de Puente Genil
y a su magnífico Imperio Romano.

YA TE CLAVARON
Señor, cuando contempla mi mirada
la cruel corona que lleva tu frente,
un temblor de pena nubla mi frente
llorando por tu sangre derramada.
Ya te clavaron. Ya la cruz izada
va dejando ver tu faz inocente,
triste visión y delirio de gente
en confuso regicidio exultada.
Quisiera, Jesús, mitigar tu herida,
calmar tu sed y llevar mi consuelo
en amorosa inquietud ofrecida.
Quiero, Señor, vivir mi alto desvelo
y gozar la salvación prometida
cuando Tú, mi Dios, me llames al cielo.

CAMINO
DEL CALVARIO
De espinas una corona te hicieron
que con ira clavaron en tu frente,
manto de púrpura, cuerpo sedente,
y por cetro leve caña eligieron.
Crueles azotes que no te vencieron
llenan tu cuerpo de sangre inocente;
burlas y risas sufriste paciente
y tu amargo dolor nunca intuyeron.
Rendido por el peso del Madero
lentamente caminas al Calvario,
en triste mañana que al llanto invita.
De luto se cubrirá el mundo entero,
y perdonando al pueblo sanguinario
Tú quieres morir en la Cruz bendita.

PUEBLO MÍO
(Puente-Genil)
Celeste luz, destellos de una hoguera
que se levanta en verde llamarada.
Dulce colina de niñez poblada
con el cielo por eco y por frontera.
Blanca palabra escrita en la ladera
de un corazón de arena calcinada.
Media luna de Agosto, aposentada
en su creciente brillo. Primavera
se ha quedado dormida en las orillas
del tiempo y del Genil, padre de cañas,
abrazo de cristal, casi rocío.
El sol te dora el ser donde te humillas.
Y al paso de tu puente tú me empañas
la voz con que te nombro, pueblo mío.
(De su libro La palabra y el tiempo)

SI TENGO QUE MORIR
Si tengo que morir, que sea de día,
cuando cante la luz en mi ventana.
Si tengo que morir, que la mañana
venga a decirme adiós con alegría.
Si tengo que morir, que sea la mía
una muerte sin sombras. Que lejana
se quede la tristeza en su desgana.
Que todo bulla en niña algarabía.
Si tengo que morir, venga mi muerte
cabalgando a horcajadas de la risa
y suelta su invisible cabellera.
Si tengo que morir, pedidme suerte,
dadme un adiós que sea una sonrisa
y dejadme morir a mi manera.
(De su libro La palabra y el tiempo)

RECTA ANDADURA
(Calle de La Plaza)
A un lado la ribera donde el río
murmura entre los juncos, donde el puente
refleja su nobleza en la corriente
con gesto de elegante desafío.
Al otro, el paseíto del convento
de los frailes, donde la cal emana
su silente blancura franciscana
albeando de paz el pensamiento.
Entre el río y la iglesia tu postura
delinea su ritmo y su andadura
por tu recto perfil de limpio trazo.
Y tus casas, de alegre sinfonía
se coronan de luces y armonía
al tocar tu cintura con su abrazo.
(Primer premio Juegos Florales de 1980)

. . . Y SOBRE ESTA PIEDRA . . .
(A la Corporación LAS TRES NEGACIONES,
con el afecto y la emoción de un ausente.)
" Antes de que el gallo cante
tres veces me habrás negado . . ."
te dijo Jesús. Tenía
su voz un tañido amargo,
como de campana a punto
de romperse en mil pedazos.
Tú protestaste: "Señor,
yo siempre estaré a tu lado;
seré tu sombra y serán
mis pasos tus mismos pasos".
Cristo sonrió. Sus ojos
en los tuyos se posaron
y tú sentiste, alma adentro,
dolor punzante de dardo.
La palabra del Maestro
siempre te había desarmado
y esta vez sonaba triste
como nacida del llanto.
"Señor. . . que no he de negarte . . .
te juro . . ."
Él alzó su mano
y detuvo el juramento
que ibas a decir. Despacio
la retiró de tu boca
y te abrazó emocionado.
Tú notaste la ternura
que encerraba aquel abrazo,
y a un tiempo la leve angustia
de un adiós desesperado.
Quisiste hablar. . . tu garganta
y tus palabras quedaron
fundidas en un suspiro
de misterioso presagio.
Jesús se fue lentamente
camino de su Calvario.
Quedaste solo, vacío,
huérfano de su milagro,
como si el aire y la vida
con él se hubiera llevado.
Alguien preguntó: "¿No eres
tú su discípulo acaso? ".
Negaste con la cabeza
porque el pecho, encadenado
al temor, no tuvo aliento.
Luego se acercó un soldado:
" Ibas con él -afirmó- ¿de qué
te sirve negarlo? ".
Sentiste en tu corazón
el duro frío del pánico,
y tu protesta surgió
bronca y feroz: "Nunca he estado
con ese, ni lo conozco.
Dejadme . . . "
Llegó un esclavo:
"¡Si, es de ellos!" -gritó.
Retrocediste aterrado:
"Os repito que no soy . . . ".
Muy lejos se escuchó a un gallo
saludando a la alborada
con la espina de su canto.
Un silencio de sepulcro
cayó de pronto. Tu llanto
llagó a tus toscas mejillas.
Y tus ojos asombrados
miraron hacia la altura.
Alzaste al cielo las manos
queriendo asir su pureza,
y un gemido desolado
brotó de la angustia misma
rompiendo tiempo y espacio.
Tres veces, dijo Jesús.
Tres veces fueron. Acaso
creías poder vencer
al miedo; alzar el ánimo
y luchar por el que un día
te eligió entre los humanos . . .
. . . pero eras hombre y cediste . . .
. . . y tu piedra se hizo barro . . .
Puente Genil, Marzo de 1.991

JUEVES SANTO
Jueves Santo, Jueves Santo
Jueves Santo al mediodía,
cuando la Virgen María
en su celda esta rezando.
Vino la Magdalena
con muchísimo quebranto,
que a un hijito que tenéis,
os lo están Crucificando.
En la calle la Amargura
a una mujer se encontraron
alta y gallarda de cintura
la Virgen le preguntó,
la Virgen le preguntaba,
¿habéis visto pasar
por aquí al hijito de mis entrañas?.
Si Señora, tres horas
antes que el gallo cantara,
con una cruz en sus hombros
de madera muy pesada,
con una corona de espinas
que el celebro le traspasa.
La Virgen al oír esto,
cayó al suelo desmayada
y San Juan como buen padrino
le dijo "levanta Hermana".
Que en el Monte Calvario,
los judíos tocan
cornetas y flautas
unos dicen tiren, tiren
otros dicen vayan vayan
otros dejemos a Cristo
que es el redentor de las Almas.
Javier Sanz del Campo
(dedicada a mi madre Guadalupe del Campo).
Madrid, Cuaresma de 2.005

PUENTE – GENIL
(Del libro “CAPRICHOS”, año 1.905)
De celeste y blanco
viste el pueblecillo . . .
de blanco y celeste.
Y es viejo a lo noble,
joven a lo alegre,
con sus dos colores
de blanco y celeste.
De árabe pasado
su sabor no pierde;
pero es, hace siglos,
cristiano ferviente . . .
Ora, ríe, canta
de blanco y celeste.
En él no hay mas negro
que ojos de mujeres
y rizos de ébano
sobre blancas sienes.
Lo demás, hermanos,
es blanco y celeste.
Viva luz lo inunda
y, cuando al poniente
llega el sol, perfuma
el aire . . . y parece
como que un cariño
flota en el ambiente.
Lleno de poesía
y de pena alegre,
dejadme que llore,
que cante y que rece . . .
porque aquí las horas
no sé lo que tienen,
que invaden el alma
de blanco y celeste.

SONETO A JESÚS CRUCIFICADO
(Siglo XVI, anónimo)
No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido;
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
¡Tú me mueves, Señor! Muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme ver tu cuerpo tan herido;
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor y en tal manera
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero, te quisiera.
Enviada por Guadalupe del Campo (Madrid)
